miércoles, 14 de febrero de 2018

Por la ventana del 5ºB, se cuelan los últimos bullicios del domingo a la noche


































Querida mía,


Con la oscuridad se baja el telón de otro sábado peninsular. Pero el punto y final de esta semana es harto diferente a los anteriores: ya no me invade esa expectativa al aproximarse el lunes, que me alegraba el corazón sabiendo que nuevamente tendría la oportunidad de ir en busca de tus miradas.
Igual que los campos de amapolas se enturbian más cuando les cae la noche encima, cambiando la luz del Sol por la tenue iluminación de las estrellas, así mi amor por tu existencia se fue desafilando al compás que el almanaque se movía por los días de la semana, repletos de ausencia tuya. Junto a tus miradas, mi alma también se fue. En su lugar tan solo queda el brillo oscuro de la apatía. ¿Qué puede hacer un hombre para revertir la desazón de su alma viviendo en soledad? ¿Con qué argumentos se podría refutar el vacío que provoca la no-correspondencia de las apariciones?
Martes 14 de junio, 2016_Prosigue la carrera de estas cursivas –algunas veces gordas, otras más flacas pero siempre destartaladas y grotescas-, que cada día avanzan un poco más por estos renglones vacíos y blancuzcos, y tienen como punto ideal la ilusionada meta de terminar de pasar en limpio este cuadernillo un 2 de agosto de 2016. Y así dejarlo en donde tú puedas encontrarlo, cuando se estén celebrando estos dos hermosos años desde que te he vuelto a ver. Hoy las cosas regresaron a su lugar, cuando pasé por allí y vi en su mismo lugar los mismos números que antes había leído. Todos estos días de temor me fueron enseñando nuevas hipótesis terribles sobre tu amor, vida mía. Pero que antes no había podido ver debido a que este terrible enamoramiento enturbia gravemente la parte analítica de mi alma.
15 de junio, 6am_durante 6 ó 7 días planifiqué pensando en olvidarte. Sin embargo hay algo en mi interior que me alienta a renovar las esperanzas de esta espera, y comenzar a aguardar de cero el florecimiento de tu amor. El Neverland de los espacios vacíos, que se somete a la presión de la cercanía del día en que te vi, fecha que representa el punto sin retorno para pasar el limpio la noble declaración de este amor. 

Sábado 18 de junio, 10am_Era una mañana tan luminosa como esta. Llevabas el cabello recogido, y tu vestimenta era de tonos claros aunque vehementes. Como ahora, en el sueño de ayer era verano, un día caluroso más bien. Desde que te miré, sonó como una cándida cortina musical “Para ir”, canción hermosa si las hay que escribió Luis Alberto Spinetta, el mismo compositor de Muchacha. Lo recuerdo claramente: ingresaba en un pasillo por el cual tú también ibas. Caminábamos en la misma dirección, con los brazos desnudos a causa de la manga-corta. Y sin tener intención ninguna, nuestros brazos se tocaban casi por accidente. Durante algunos pasos, nos manteníamos piel con piel, sin intención de separarnos. Pero mantenías la ética y me pedías disculpas.
22.30 hs_De nuevo, mi Señora, la crucecita de bronce repiquetea onomatopeyicamente cuando su servidor se inclina hacia esta hoja para escribirle algunas líneas. Alicios, almendros y violetas, reciben unánimemente al anochecer tormesino y, junto con él, su noche de cielos translúcidos: el telón que se baja para despedir a otro sábado salmantino. Te contaba esta mañana de un sueño que tuve anoche, mejor dicho, cuando la ciudad de Salamanca ya comenzaba a clarear. Había sido maravilloso.
Después de tocarnos la piel por unos segundos nos perdíamos de vista. Pero luego te veía desde lejos. Un conocido ocupaba el lugar en donde habitualmente estás tú. Caminabas, y hablabas con él al paso. Y cada tanto te debas la vuelta para que nos miráramos. Perdimos ya la hermosa costumbre de mirarnos a los ojos. Él parecía exhortarte para que me dijeras algunas cosas.
19 de junio, 2016_Ya está amaneciendo, mi querida Señora, como dice la canción. No más abrir los ojos, nada ha podido reemplazar un solo pensamiento de ti. Ocupas todo. En los peticitos consorcios de Salamanca, el ladrillo a la vista ya va aclarando sus tonalidades rojizas. Y un nublado de morondanga no nos permite apreciar la lírica desaparición de las constelaciones. El alba promete clima para la bici. Los amigos del borgo estarán allí, pero eso será más tarde; el sopor del post-despertar me invita de nuevo al sueño. Y la escritura agilizó a mis pensamientos para que tu servidor pueda hilar algunas plegarias de gratitud.
20 de junio, 11.30pm_Por la ventana del 5ºB, se cuelan los últimos bullicios del domingo a la noche. Entretanto debido al tórax desnudo, Jesucito continúa repiqueteando traviesamente en el preciso cristal fumé del escritorio. La expectación de mirarte otra vez a los ojos hace difícil la comparecencia del sueño. Por eso, mi sentida, es que vine a escribirte algo antes de irme a dormir, para utilizar como un romántico somnífero a estas grafemas manuscritas.
21 de junio_Hoy comienza el verano. Recibo al calor con 4 días de tu ausencia. Desde ese tiempo la vida no me otorga el privilegio de mirar tu glorioso semblante. Cada día que se marcha sin ti; cada pensamiento sostenido en vuestra imagen… cada suspiro en el que tu nombre se deshace fortifica esta inmensa necesidad de tus miradas.
Pero este amor no sólo se alimenta de pasiones, crece tras cada miedo a perderte. Mejor está afirmado: de no tenerte nunca.
4 de la tarde_en paseo de los Cerezos coexisten miles de soles que reverberan sobre los parabrisas estacionados. Prosigue, en esta tarde subtormesina, el cursivo antibiótico de la escritura para que cada letra deshoje la melosa margarita de tu ausencia. Y así remedia un poco la dulce patología de extrañarte. La mañana fue un proceso ininterrumpido de momentos que te esperan. Y la tarde será una enamoradiza acumulación de instantes poco aspectados en donde reclamaré vuestra imagen.
Pero antes del segundo crepúsculo me sentaré a esperar tus pasos por donde otras veces te vi caminar con tus botitas marrones.
24 de junio, 6.30am_Antes de continuar con la bitácora de Rummenigge, tu servidor se convierte en un obligado súbdito de este inmenso amarte, y vengo sobre el papel pero para escribirte una o dos líneas, únicamente a ti.
Estaba atardeciendo. El Sol se hizo molesto antes de pasar detrás de los consorcios. Fue entonces que comencé a prepararme para lo peor: desde hace un tiempo que soy agredido por un presentimiento catastrofista, temo verte del brazo de un hombre. ¿Qué haría si esto sucede? Por supuesto, me dolería. Pero continuaría queriéndote.




















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