viernes, 7 de agosto de 2020

Como si cuchichearan algo entre ellos


2018. Día de la Hispanidad_En octubre cambia decididamente el clima de Salamanca. El horario en que amanece o la ropa que usamos al salir a la calle. El frío trae cambios que entristecen un poco a nuestro corazón. Para adaptarse ellos así como también al clima, se extrapoló el horario en que entro y saco a los almendros. Cuando viene el atardecer los entro y por la mañana siguiente sólo los saco fuera si hay sol. Cambios así siempre alegran un poco el alma, coincide más el horario de mi escritura con ellos. Serán una lírica compañía para mis prosas. Velarán mi dormir mientras oxigenan la habitación pequeña. Su sana presencia me contagiará de un optimismo natural.

Esta mañana viajé hasta la Armuña. Portos bebía el agua calmada del estanque, le descubrí un pequeño manchón blanco en el entrecejo, cuando levantó la cabeza para mirarme y se le hizo a un lado un flequillito intencional.

Sábado 13, 21.30hs_Esta mañana hice la primera grabación de Portos y Aramís. Portos es quien más demuestra que se acuerda de mí. Hoy dejó de pastar y cruzó el abrevadero, para acercarse unos 50mts, como si supiera que quería fotografiarlo. Aramís ahora también levanta la cabeza cuando me ve llegar. Se queda mirándome y luego se miran el uno al otro y mueven hacia atrás las orejas, como si cuchichearan algo entre ellos. Al volver me encontré con un chico en el café de siempre. Aunque se ríe y me llama amigo, siento que una mentira esconde. Pero lo más importante es que desde temprano comencé a echarte de menos. Un Mireia por aquí, un comentario relacionado con tu nombre por allá... Cosas como esas lograron que me imaginara contigo una vez más.

Domingo 14 de octubre, 21.30hs_El paso del huracán Leslie desencadenó en una mañana nublada, acobardando así mi disposición para viajar hacia los pueblos de la Armuña. Fue un día de descanso. De todas maneras salí a caminar por la mañana. Desde la casa de Candelario llegué a la Gendarmería, curiosos jardines de flores amplias entonaban con el sol de principios de otoño. Fotografié la rambla de los ciruelos, las primeras hojas secas de la temporada se hacinaban en las veredas de Torres Villarroel. En el cíclico comportamiento de mi destino diario, de nuevo empecé a percibir la cálida aparición de tu nombre en mis mañanas. Eso me hizo reconsiderar cuánto bien me haría verte de nuevo. La única pureza que le queda a mi vida es la ilusión de ti, Mireia. Pienso mucho en los caballos de la Armuña. Mañana trataré de ir a verlos si la meteorología es propicia. Y en mi corazón pude distinguir una suave resurrección de mi enamoramiento por ti. La melosa fábrica de soñar sueños contigo reinauguró su mecanismo psicológico.



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