domingo, 2 de agosto de 2020

Amores pluscuamperfectos




Miércoles 21.30hs_Ya no considero tristes a los días que se marchan sin volver a mirarte a los ojos. Casi no espero encontrarme con el albur de tu nombre durante el saneante proceso del paso de los días, y así tomarlo como una excusa divina que me recomiende ir en la búsqueda de tu mirada. El proceso de la depuración de mi alma ha tardado unos dos años. Pero es sorprendente cuánto puede llegar a purificarse un espíritu que aguarda el amor de una mujer como tú. Tu ausencia, en definitiva, ha sido el estoico catalizador que me hizo redescubrir los recursos espirituales que había yo perdido tantísimo tiempo atrás. Ni siquiera el reencuentro con el verdadero amor hizo que nuevamente lo hallara. Quizá el profundo cristianismo que ella tenía fue en realidad un guiño de la Providencia para señalarme el camino de mi destino. Esta mañana hice el ya cotidiano paseo hasta La Mata de la Armuña. Al acercarme al abrevadero sucedió algo increíble: uno de los caballos vino trotando hasta mí. Se detuvo en el alambre de espino, fue algo maravilloso verlo correr hacia donde yo estaba. Claro, me detuve a fotografiar su cautivadora pasividad. Se queda parado mirándome fijamente, cuello en alto y mascando hierba, ante la alambrada que nos separa. Cada día que pasa voy hasta ellos, me emociona el soleado viaje hasta allí. Antes, emprendía el viaje de regreso cuando llegaba a las pintorescas ruinas de Mozodiel del Camino. Ahora viajo 2 km más, solamente para estar cerca de ellos.

Jueves 11 de octubre, 21.40hs_Esta mañana sentí una gran sensación de alivio al despertar y ver que el cielo estaba nublado. Uno se da cuenta de eso ya sin levantar la persiana, si está nublado la luminosidad de la habitación es un grado más tenue. No me sentí con la obligación de viajar hasta La Mata. Pensé todo el día en los caballos. A ése que aparentemente me reconoce cuando me acerco lo llamaré Portos, lo conjeturé ayer por la noche, cuando recordaba su insigne porte al verlo bajar hasta el alambre de espino para darme la rimbombante bienvenida. Tuve la corroboración de la Providencia cuando leí la misma palabra en un versículo de la epístola a los efesios. Al otro, como ya te imaginarás, le llamaré Aramís... tal vez para que a un nivel inconsciente no sienta que le hago el feo.

Cada vez que Portos me ve, me sorprende con un nuevo gesto de amor. Aramís en cambio me observa, hasta ahora no se ha movido cuando me ve llegar, pero aprendí a notarlo curioso cuando deja de pastar para darme el buenos días con la mirada. Ellos consiguen que me sienta afortunado. Situaciones así sólo se pueden llamar milagros. Y al irme les digo adiós, levantando la mano igual que si les dijera Jáu.






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