jueves, 17 de septiembre de 2020

La estela en donde se ha ido quedando la huella de tu nombre

jueves 23.30hs_Más o menos desde hace una semana la idea de ir a la biblioteca me está dando vueltas a la cabeza. Cuando regresaba al fuerte y estaba solo, John Dumbar recordaba a los siuxs. De igual manera cuando estoy solo pienso en los chicos de la biblioteca. Haber descubierto las mentiras de Julián fue una gran decepción para mí. Lo admiraba como hace tiempo no admiré a una persona. Sin embargo cada vez que vuelvo a la Torrente me encuentro con miradas de entusiasmo por parte de los trabajadores, incluso en aquellos que fueron mis adversarios. El hecho es que hoy al despertarme improvisé una visita a la biblioteca con el principal objetivo de tomar en préstamo el I-Ching. Ni bien llegar me acerqué a saludar a Cristina, entonces pasó lo que yo esperaba: Mireia se dio la vuelta para mirarme. Barajo dos posibilidades, quizá le gustaron los textos de Rummenigge que le di en mano hace más o menos un mes. Usé como excusa el argumento de que había encontrado el disco en la biblioteca. Quizá el regalo que le mandé a Cristina le hubiera despertado curiosidad. Lo cierto es que otra vez me emociono pensando que me quiere.

Martes 22hs_El paso de los días tiene como referencia la última vez que te vi. Y un poco más de un día pasó desde la última vez que te diste vuelta para mirarme. El amor con el que me ven tus ojos ha conseguido que viva con alegría todo cuanto hice hoy. Esa mirada hiperfugaz ha logrado que estés en mis pensamientos en cada una de mis soledades. En ellos especulo lo que tal vez sentiste si acaso has leído los textos del 5º cuaderno de Rummenigge. El I-Ching se suma a la pila de las lecturas todavía inconclusas que se amontonan a la derecha del escritorio fumé. Mientras tanto el bullicio de los vecinos contornea mi habitación como una plaga que se aproxima al cultivo. Y la petuña nómade tiene un nuevo pimpollo a punto de abrir.

Lunes 23hs_Hoy extrañé el pequeño crucifijo que tuve puesto desde hacía más o menos un año. Coincide también hoy que hace una semana fue la última vez que te vi. Sentí cómo tus ojos me acariciaban el alma cuando giraste la cabeza para ver fugazmente mi perfil. Al principio te recordé con vehemencia y mi amor por ti rejuveneció. Pero con el paso de los días más el desprecio de otra mujer un poco fue menguando la evocación de tu imagen. Esa mañana dejé un presente para otra de tus compañeras. Los chicos no parecieron muy contentos al recibirlo. El hecho es que tú eres la única estela a seguir.


En la polifacética crisálida de los metabolismos vitales, aquí se va cerrando el misterioso e introspectivo circuito de otra metamorfosis humana, con la transmutación de los pensamientos terrenales en emociones que buscaron su origen en la religiosidad. Acompaña a este benigno progreso la próxima finalización del 7º cuaderno que te nombra, Mireia. En dos o tres cuartillas más, un templado punto y final será el indescifrable epílogo con el que me despediré de la séptima atalaya en donde me refugié para no echar tanto en falta a tus miradas. Tras de mí permanecerá la estela en donde se ha ido quedando la rigurosa huella de tu nombre.







 

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