martes, 14 de julio de 2020

El cielo de la tormesinidad se viste de un claroscuro estrellado


Viernes 7am_El cielo de la tormesinidad se viste de un claroscuro estrellado. 3 vasos de té frío se amarillean con unas gotas de limón castellano. Ellos son a las demás pertenencias del escritorio lo que lo que una persona puede ser comparada con un inmobiliario, puesto que ya no estarán aquí cuando termine de escribirte. Será raro no ver a renacido creciendo más, este noviembre será la poda. Parece que fue ayer, mi bien, cuando comencé a escribirte sobre él. ¿Y qué hay de albur? ¿Cuántas ramitas le crecerán esta primavera? ¿Cuándo me dará flores? Y hablando de Roma la petuña ya no tiene ninguna, ni tampoco tiene pimpollos. Probablemente con marzo venga otra floración si acaso la primavera la encuentra viva. Borges aguardaba a la muerte con mucha curiosidad, decía. Así yo espero a las flores de los almendros. ¿Qué sentiré al estar en su lozana compañía? ¿Qué querrá Dios enseñarme a través de ellos? Mi hermana ya partió a su oficina, la usa como un cubil para huir del trastorno de esta familia. Si acaso el pronóstico de mi intuición no habló por hablar y al abrir la ventana descubro que el cielo está lo suficientemente despejado, tal y como te escribí ayer pernoctando hoy viajaré hasta la Mata en bici. Después iré a buscarte, aunque probablemente aún estés veraneando junto a él.
Al darte estos escritos dos años atrás, el equivocado 2 de agosto, me contentaron dos felicidades: el dártelos y pedir que me los devuelvas dos semanas después, cuando te vi de la mano con él. Así es la vida, aquello fue una tristeza que únicamente lavó de mi alma el tiempo y distanciarme del barrio en te conocí.
21.50hs_Tal y como te lo prometí cursivamente, esta mañana pude ir a fotografiar los caminos de La Mata de la Armuña. Le saqué fotos a las caballos, Portos y Áramis, y antes también a un rebaño de ovejas, allá por el precioso pueblo de Monterrubio. En el retorno, opté por refrescarme un poco antes de salir hacia la Torrente y, aunque devolví los libros, salí de allí con el corazón vacío al ver que no estabas tú. Tras los almendros, tu ausencia es mi compañía. Oxímoron. Sobre el fumé se reflejan las diminutas hojas de la petuña. Mamá demuestra su cariño regalándome un llavero con Bartolomeo J. Simpson. Regalitos así parecen un hacino de jilgueros enjaulados en los cajoncitos rallados de una cómoda de fantasía.
Sábado 21.40hs_La petuña y los hermosos almendros acompañan como siempre a mi soledad. Esta mañana no he llegado hasta La Mata, sin embargo fotografié el puentecito de Mozodiel del Camino. El sol y el asfalto dan a la carretera el colorido de las abejas. Ya de regreso en la ciudad, fui presenciando una seguidilla de apariciones de tu nombre, en el periódico del bar, en el móvil... o en los créditos de una película. Gracias a la energía que me va dejando la relectura de los Evangelios consigo escribirte el doble de las hojas que solía escribirte a diario. Pero en cuanto mi mundo interior, he terminado por aceptar el hecho de que le perteneces a otro hombre. Al conseguir que mi amor por ti no tergiverse esa realidad, pues mi corazón recupera un poco las reservas de la esperanza para mirar hacia el futuro con el cristal de un optimismo un poco más pragmático, que aprovecha las viejas experiencias para hacinar un número finito de aprendizajes. Así analizo los momentos que me rodean con el fin e sacar algo bueno de todos ellos.






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