martes, 9 de agosto de 2016

Experimentar esta dulzura es como si hubiera comido un helado de dulce de leche













Mi querida Señora,







En el coqueto barrio Garrido Norte, las luces artificiales de la célebre Chinchibarra se derraman fielmente sobre los exquisitos turismos, estacionados con toda prolijidad en las dos filas del paseo de los Cerezos, que se convierte en una pasarela urbana para otro coche que viene justo a pasar en medio.
Desde que abrí los ojos, un guitarrón acústico comienza la interpretación de Muchacha ojos de papel, como si los pensamientos de ti, que habitualmente me atacaban al despertarme, hubieran tenido la obligación de convertirse en algo asociado contigo. En mi alma sucede algo al saber que también la conoces tú.
Te vi después de casi 8 años, un 2 de agosto de 2014. Me alegra mucho saberlo ahora. En mi recuerdo pifiaba la fecha por al menos un mes. Pero ayer se me ocurrió buscar la fecha en el dibujo que hice aquella mañana. Siempre había querido saber la fecha en la que volví a hablarte, después de tantos años. La historia de aquel dibujo es un poco rara, puesto que no lo hice con entusiasmo, como suelo hacerlo con otras caras.
Resultó que cuando dibujaba en calle Toro se acercó a mí un hombre que no tenía trabajo fijo. Curraba de barrendero cada vez que lo llamaban a trabajar. Me habló de su pareja, una mujerinternada con problemas de depresión y suicidio. Y finalmente me dejó una foto carnet para que le hiciera un retrato, con la intención –supongo- de que al verse bella en el lienzo experimente un momento de felicidad. Pero claro, la chica no era tan agraciada como el retrato que estaba haciendo cuando él me vio.  Y no cumplió sus expectativas. El caso es que ni me pago, ni tampoco le gustó. Incluso sospecho que lo destruyó, para que la señora no se menospreciara al verse. Pero aunque e lienzo no reflejó a la más bella del reino, se lo hice con dedicación. Y el caradura me pidió que le hiciera otro. Obviamente le dije que no, y nunca más volví a verle.
Como te decía, mi querida Señora, fue que en la noche de ayer encontré en ese dibujo la
fecha en que volví a verte. Fue un día muy especial para mí. Y cada día que pasa siempre recuerdo ese momento, cuando volví a mirar a tus ojos… con esa expresión de niña regañada.
Entonces me di cuenta e que si todo hace parte de un plan que a la larga velaba por nuestro bien, inclusive aquellos que no se comportaron bien con nosotros, tienen un propósito importante en nuestras vidas, y que solo se cumple si no les damos la espalda.
29 de junio, 2015_La noche se hizo amanecer sin sobresaltos. Los kilómetros en bici me ayudaron a dormir todo seguido. Y finalmente, “el día llegó”, como decía el cuento de Giovanni Papini. Ya han pasado, mi queridísima, los diez días que no te he visto. En un ratito iré a ver si te veo, en la elegante biblioteca pública Torrente Ballester. Experimentar esta dulzura como si hubiera comido un helado de dulce de leche.
 30 de junio_Casi me da un infarto al verte por lo muy hermosa que estabas. Tan bronceada, tan luminosa, tan transparente. Me has mirado como antaño. Me has hecho muy feliz. Varias veces, durante este día, he pensado qué pronto se pasará esta semana, y cuán lentos los próximos días que no te vea. He tomado una decisión: entregarme por entero al estado de embelezamiento que vivo gracias a ti. Dormir poco, estar impaciente por verte, pensarte todo el día y toda la noche que esté despierto.
Hoy pensé todo el día en ti. Tu ausencia es como si me faltara algo elemental en el organismo: el aire en mis pulmones, la sangre recorriéndome las aortas… los linfocitos defensores. ¿Y a ti qué te sucederá cuando nos veamos?



El amor no se instala
El amor se afirma





Ahora lo entiendo.













 

martes, 19 de julio de 2016

Siempre te quise



Mi querida Señora,



Siempre te quise. Ese Espíritu que tienes, esa emoción. Cuando te veo caminando parece que viera andando a mis sueños de Amor.



Todo eso que te cuento te lo estoy escribiendo a las 5 y cuarto de la madrugada: afuera llueve el viento impreciso forma cariz temeroso. Las iluminaciones artificiales de la poética Chinchibarra, desparraman sus fotoncitos encima de las edificaciones heladas, los automóviles y las aceras también. Algo empañados, los cristales de la ventana se visten con las gotitas de lluvia. La garúa nunca sobra ni escasea, es la regada gustosa y justa. Es por eso que el nuevo almendro llamado Albur, ha de bailar igual que un gitano. Quizá los otros se me hayan muerto debido al agua que les regué, y también la gardenia junto al bon-sai del manzano. Es que las plantas en interior muy fácilmente se ahogan. Sin salir del ecosistema, el ruiseñor empapado le dedica una serenata a la madrugada subtormesina. Te voy a extrañar mucho, todo el tiempo que no te vea. Siempre te recuerdo. Pero no voy a cerrar la escritura de esta lírica madrugada con esa frase tan triste. Pensaré a futuro y te estaré esperando. 

Esta madrugada y yo ya nos hicimos la compañía que necesitábamos. ¡Adiós llovizna de Salamanca! ¡Adiós mis plantas! ¡Adiós almendro! Adiós luces municipales… Adiós al viento.





7 de marzo

Dnld 2016

Te vi después de casi 8 años, un 2 de agosto de 2014







21 de junio

















El último café fue a las 10,30. Estaba en la terraza de un bar que probablemente tú desconozcas: café Borgoña.
El café Borgoña queda a unos 200 mtrs de Carrefour, en ctra Zamora. Ya hace unos 5 años que lo conozco, pero hará 2 que lo frecuento cada día. O casi todos los días, desde que comencé a andar en bici a diario, intentando orbitar la tristeza de otro desamorío. Los pueblos y pedanías eran como inmobiliarios amigos, que me contaban amablemente acerca de sus escondidas idiosincrasias regionales. El oportuno ejercicio y las nuevas calles y plazoletas consiguieron que al regresar a casa me sienta más despejado. Castellanos de Moriscos, Pedrosillo, Pajares de la laguna y Orbada: fueron oportunos antibióticos para mi corazón triste. Por eso te comentaba de mi último café en la terraza del bar, porque esta benevolente sensación de amor, de enamoramiento, de luz, también pudo haber sido por los efectos narcóticos de una infusión demasiado cargada. Mas ahora me di cuenta que eres tú.
 



Lunes 22 de junio_Hoy empezó el primer día de la larguísima semana en que no sabré nada de ti, además de que no estarás. Serán siete días en que solamente estaré concentrado en tu ausencia. Ya son las 11 y media de la noche, y recién vuelvo a casa de tomar un café en una terraza aburrida y estirada. Pero en realidad salí de casa a buscarte. Te busqué por las terrazas y casi sufro un infarto al ver a las pelirrojas que pudieron ser tú.
Miércoles 24 de junio, cerca de la medianoche
Mañana, jueves, quedará un día menos para que vuelva a verte. ¿Cómo regresarás luego de 10 días? ¿Me habrás extrañado en este tiempo tanto como yo a ti? Mientras tanto, continúa el estreno de la bici por la afamada carretera Valladolid. Llegando a Pajares, los puentecitos bien hechos le hacían de aureola a los autobuses que transitaban debajo. Los jóvenes campos de girasol aguardaban el profético crecimiento hasta la floración. Y dos magníficos halcones se orbitaban el uno al otro como si fueran dos soles. Prontito iré en tu búsqueda aunque no me hayas esperado.



26 de junio_El agradable canto del ruiseñor acompaña al alba subtormesina que despunta en este momento. Todos mezclados en un merengue de telas, cierres y botones: los abrigos embrollados junto a las colchas reflejan las altas temperaturas que hicieron ayer anoche. Hoy exactamente han pasado 12 años desde que me operé. Todos los días lo agradezco, pues el Lete se ha llevado lo que antes de estar en coma he vivido. Y hoy aquí, mi vida, despierto desde hace un buen rato, enredado como las frazadas pero en los pensamientos de ti. ¿Te casarías conmigo? Pronto me iré a dar una vueltita en bici, y aunque sé muy bien que no te veré en los caminos, te estaré esperando.









dnld













jueves, 7 de julio de 2016

Para aprovechar la energía gratarola del municipio








Y hoy, mi Señora, después de volver a la cama he vuelto a soñar contigo. Había un jovencito que enchufaba a cargar su móvil, para aprovechar la energía gratarola del municipio. Pero lo enchufaba mal, o era que el enchufecito sufría alguna minusvalía electrónica. A causa de esta turuleca idiosincrasia, todo el recinto comenzaba a inundarse, empezando por el salón en donde se realizan los talleres de lectura. La institución había sido construída en el opuesto de los cardinales en los que se ubica hoy. O sea, los ventanales que dan a la escalinata de Paseo de los Cerezos, en mi sueño miraban al Centro de Salud Garrido Norte. Alguna gente se ponía nerviosa, sin embargo la mayoría de los presentes allí tomaba con naturalidad la subida de un agua lo suficientemente translúcida como para que se vean las pantorrillas y medias de los usuarios.

Antes de la entrada al salón había unas mesas grandes que se distribuían ordenadamente. Su servidor las aprovechaba para sentarse. Desde allí podía ver cómo el agua se subía por las piernas de las estudiantes hasta las faldas. El salón de lectura se estaba llenando de agua, hasta que de repente las puertas de vidrio se abrieron cmo las de un ascensor, dejando que el agua turbia salga de golpe, igual que una represa cuando se abre. Nadie se apuraba, la gente salía caminando como cuando sale de trabajar. Tú estabas entre ellos. Caminabas abrazándote a tu papelerío y a tus libros, mientras le hablabas a una mujer que acompañaba tu paso. Venían de frente hacia mí: llevabas recogido el cabello… y me mirabas de nuevo a los ojos.

sábado, 11 de junio de 2016

Nuestra voluntad colabora con pequeños trazados en los planes divinos que el amor tiene para cada uno







5 de junio
H oy escribo por primera vez tu nombre como ha de ser. Te esperé. Me senté en calle Toro a terminar un dibujo, y a cada instante pispeaba a ver si no pasarías por allí. Y a la noche te sentí, como cuando estoy cerca tuyo. Como cuando me voy de tu lado. ¿Qué sucederá mañana cuando te vea? Mientras dibujaba, creí verte al menos 5 veces, caminando hacia mí. Y en cada cabello rojizo el corazón se me alumbraba. ¿Qué harás mañana, mi bien? ¿Me recibirán tus ojos cristalinos, mientras subo por la escalera?
Quizás al final del arcoíris se encuentre la olla rebosando de monedas de oro. De igual manera, al final de cierto número de días estará el tesoro de tu regreso. Y si el paso del tiempo es contestado con tu ausencia, pues entonces sabré que todo no fue más que un simple deseo de mi enamoramiento, antes que una realidad tuya y mía.

Nuestra voluntad colabora con pequeños trazados en los planes divinos que el amor tiene para cada uno.
Pensar en ti ha logrado que los astros relenticen el recorrido en su orbitaje

10 de junio, 3 de la mañana
Siento como si hubiéramos hecho el amor hasta el desmayo, y después nos robásemos energía el uno al otro, como dos soles que se orbitan quitándose materia.
Me pregunto si tú también estarás despierta, imaginándonos en utópicas convivencias que alimentan la ilusión de estar juntos.

You still beliave in me, acompaña el soporífero tránsito de las estrellas, para que un poco de Dios se ponga a favor de mis deseos. Y mañana todo se orqueste de manera que este amor germine lo suficiente como para que podamos decirnos un te espero, un te necesito… un te he echado de menos.
La medianoche del mismo día
La tranquilidad inunda los melódicos rincones que confeccionan las calles de Salamanca. Cuando alguien ha cruzado las puertas del Paraíso, y por alguna razón , se da cuenta entonces de que se le ha concedido otra oportunidad. Desde ese día uno piensa con más frecuencia en la muerte.
Me ha hecho inmensamente feliz volver a encontrarme con tu romántica presencia en los caminos de la biblioteca, tu lugar de trabajo.





15 de junio
Los letárgicos movimientos de la medianoche se hacen más largos, sabiéndote allí tan cerca, y no saber por donde comenzar a buscarte, con tus ojitos de caleidoscopio.
Se hace duro decir “querida” cuando en toda la jornada la conjunción de los astros no ha programado el albur que me traiga noticias tuyas.
El recuerdo de tantas insistencias, tuyas y mías, conserva en Stand by la ilusión de que alguna mañana vuelvas a mí. ¿Debería continuar despidiéndome de esta ilusión?
Hoy continué la búsqueda de aquella signatura que me habías dado, escrita con tu caligrafía, allá por el 2006 – casi 10 años ya-. Barajo dos probabilidades: una, la puse tan a resguardo que me será complicadísimo hallarla. Y dos, por algún enfado contigo la bote al Tormes, lugar donde te pensé para dedicarte un poema.

El por ahora tautológico libro de Ana Frank, reposa encima del escritorio; está protagonizando la tapa para un sandwich de pañuelo limpio.
A partir de hoy comienza el conteo de los 10 días causales que pasarán en tu ausencia. ¿Te habré olvidado un poquito hasta ese desconocido entonces? Quizás tu emocionante presencia se disipará un poco cuando el sol auspicie otra jornada. La gente de Salamanca se desperezará con las metálicas sonatas de los técnicos despertadores electrónicos y móviles. Medito en los planes para estos 10 días que no se pasarán nunca.